Un ejercicio. Un divertimento, ¿por qué no? La tentativa de encontrar un espacio en blanco en el que escribir (al fin y al cabo es lo que sé hacer y es gratis). La construcción de un istmo por el que salir de la tediosa, plana y triste vida insular hacia un continente vibrante compuesto de lo que sea: libros, música, fotografía; lo que sea, pero que huela a vida, que palpite, se mueva y disienta.

Soy periodista y parada de larga, larguísima duración. Debo decir “fui periodista”, en un mundo que ya no existe ni volverá a existir. Ya era un mundo cojo, que desde 2008 se terminó de lisiar. Es una situación que ya no tiene remedio, que no se puede revertir. Canarias ha perdido durante la crisis unos 700 periodistas (la gran mayoría mujeres). En unos medios que nunca fueron independientes, el temor, el servilismo y el conchabeo hacen imposible la coexistencia provechosa de gente de distinta naturaleza, ideas y por la planicie que se ve, parece que hasta de olores distintos.

La cosa se ha quedado en unos tonos grises y terrosos bastante grimosos. Falta luz, ideas, alegría y mujeres, sobre todo, mujeres.

Igual esto es sólo un poco de luz para los que, como yo, piensan que Tenerife se ha quedado muy a oscuras. Bienvenidos a Isla distópica.

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