En cien días, Podemos Canarias ha llevado al Parlamento dos propuestas culturales que nos han dejado temblando: reconocer al pintor Pepe Dámaso lo grande que es y convencer a los hoteleros para que decoren sus paredes con obra de artistas locales. En las antípodas de lo que esperábamos. En las antípodas de lo que leímos que iban a hacer una vez llegaran al poder en este documento (maravilla de hemeroteca Internet) La cultura que PODEMOS ¿Lo leyeron por aquí? Porque nosotros sí. Y fue parte importante del voto.

Parece como si los parlamentarios de Podemos creyeran que en Canarias todo está perdido (hasta sus electores) para esa “cultura transformadora” que iba a acabar con la “mercantilización, la instrumentalización y el clientelismo” de la cultura para así devolverle “su carácter creativo, libre, placentero, crítico y diverso”. Tomaron el camino fácil y llevaron al Parlamento dos cositas monas, que ni chicha ni limoná, pero sí. Por lo que toca, pero más por lo que no se atreve a tocar.

Las dos propuestas, en su aparente simpleza, son bastante perversas. Utilizar el Parlamento para reconocer la trayectoria de un artista no suena precisamente a cultura emanada desde los de abajo. Y llevarse la obra de los artistas a las zonas turísticas mientras las galerías cierran y las exposiciones se vacían suena más a cultura de élite de colegas (que las está pasando canutas y necesita comer) que a “la política cultural a la altura de los tiempos” que defendió PODEMOS antes de las elecciones.

Los tiempos, que son malos, tenían que dar paso a una cultura crítica, autónoma y diversa. Esperábamos que la donación que hizo Pepe Dámaso de su obra (6.000 piezas) al pueblo canario abriera el debate sobre si la administración pública debe/puede asumir toda colección donada, o si por el contrario, y con el presupuesto cultural cada vez más menguado, no es necesario un expurgo (con todos mis respetos); una selección de nuestros hitos y nuestras vacas sagradas para emplear lo poco que queda en esa cultura de base, colaborativa y construida por “los comunes” que esperábamos de Podemos.

Ninguna de las dos medidas garantiza la cultura como “derecho y servicio público”. Todo lo contrario, sostienen lo peor de la cultura frívola, subvencionada y de amiguitos que dijeron que venían a cambiar. Y no es eso lo que esperábamos.

El diputado de Podemos pide a sus colegas: “Hagamos medidas valientes”. Nosotros, los de abajo, los Comunes, respondemos: Pues venga, las estamos esperando

En Tenerife, el tejido cultural es menos que gasa cultural; son más bien hilillos culturales flotando en el espacio-tiempo, y esto no es fácil de organizar. Eso lo sabe todo aquel interesado por la cosa en sí. Pero esperábamos algo más rotundo y sustancioso. Algo más real. ¿Que las asfixiadas galerías de arte paguen menos de basura? ¿abrir de una vez por todas el Teatro Baudet, adquirido por el Cabildo en 1999 por 275 millones de pesetas para convertirlo en espacio escénico? ¿Proyectos brillantes entre creadores y organizaciones sociales como la Harinera de Zaragoza o La Casa Invisible de Málaga?

Cuando el diputado de PODEMOS Juan Márquez defendió el otro día ante el Parlamento de Canarias su propuesta para “unir turismo y cultura”, exigió a sus colegas: “Hagamos medidas valientes”.

Nosotros, los de abajo, los Comunes, también exigimos: “Pues venga, las estamos esperando”.

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