Siempre llueve sobre París, pero el 11 de enero lo hacía con más fuerza, o la lluvia era más fría. O eso sentíamos. “Je suis Charlie”. “Yo soy Charlie”. Dos millones de personas en la Marcha por la Unidad Nacional eran Charlie, las redes sociales bramaban: somos Charlie. Los líderes mundiales del mundo civilizado encabezaban la manifestación: “Contra el terror y para la libertad”.

Como si Grenouille, el protagonista de El perfume, hubiera rociado las calles de su ciudad con la fragancia perfecta. El éxtasis. Todos éramos Charlie. Frente a las “invasiones bárbaras”, en nuestros corazones late un núcleo que irradia pura democracia, tolerancia y solidaridad. O no.

Nueve meses después del atentado que acabó con la vida de 12 trabajadores de la revista satírica francesa el 7 de enero de 2015, el mito alrededor del Je suis Charlie, tiene su antimito: Je ne suis pas Charlie (Yo no soy Charlie). Un poco de reflexión y sosiego y un poco de distancia.

En el artículo Siete razones por las que la gente comienza a decir Yo no soy CharlieThe week, recoge las dudas que surgieron inmediatamente después del tiroteo en el que murieron el director de la publicación, Stéphane Charbonier (Charb) y cuatro de los caricaturistas más conocidos de Francia: Cabú, Wolinski, Tignous y Honoré.

La gente empezaba a sentirse incómoda. Al fin y al cabo, ¿alguien había leído algún ejemplar de Charlie Hebdo? ¿Qué demonios estábamos diciendo cuando decíamos Je suis Charlie? ¿Si apenas toleramos El Jueves, qué hace Mariano Rajoy encabezando la manifestación en París? ¿No nos habríamos dejado llevar, arrastrados por el orgullo de sentirnos la cuna de la civilización? ¿No estaremos haciéndole el juego a los neocon?

Porque una cosa era defender la libertad de expresión y otra muy distinta compartir la línea editorial de la revista. En The Guardian, Roxane Gay, advirtió de que: “el pensamiento grupal” hacía “difícil expresar matices”. Y desde el New York Times, el periodista David Brooks denunció “la hipocresía del discurso del odio”.  Toleramos la sátira si es sobre el árabe, toleramos la sátira si es fuera de nuestros países…

Pero fue en Francia donde surgió una explicación más clara. El filósofo Alain Badiou, publicó el artículo La bandera roja y la tricolor (sobre los crímenes de Charlie Hebdo), y pudimos entender mejor qué decíamos cuando gritábamos Je suis Charlie.

“Francia intenta distinguirse con un tótem de su invención: la República democrática y laica”. Este “pacto republicano, al que al que se han sumado tantos ex-izquierdistas, entre ellos Charlie Hebdo, siempre ha sospechado que se tramaban cosas espantosas en los suburbios, en las fábricas de las afueras, en los bares sombríos de los arrabales…”, escribe Badiou.

Nueve meses después del atentado contra Charlie Hebdo, la revista reabre su página web en un escenario completamente distinto al del 7 de enero de 2015. Je suis Charlie, lema usado hasta el paroxismo los días posteriores al tiroteo, hoy tiene su  réplica en Je ne suis pas Charlie y, más allá, en Je ne suis pas manipulable.

Las últimas noticias sobre la publicación añaden más dudas y nos hacen sonrojar. Luz, el dibujante de Mahoma que ilustró la portada del número posterior al atentado, dejó la revista en mayo de este año en medio de una bronca con la supuesta amante de Charb (todo muy francés). La periodista marroquí Zineb El Rhazoui fue despedida por sus constantes ausencias al trabajo a raíz del atentado y el columnista Patrick Pelloux acaba de anunciar que deja la revista a finales de año. “Charlie Hebdo murió el 7 de enero y una parte de nosotros murió con las víctimas”, reconoció Pelloux a la BBC.

Detrás ruido de dinero, muchísimo dinero. Antes del tiroteo, la revista tenía dificultades económicas y tiraba 60.000 ejemplares semanales. El especial tras los atentados, en el que aparecía una caricatura de Mahoma y la frase “Está todo perdonado” superó los siete millones de ejemplares y fue traducido a dieciséis idiomas. Hoy Charlie Hebdo maneja un patrimonio de 30 millones de euros sumando donaciones, suscripciones y ventas que parece haberse convertido en la última disputa dentro de la revista. Sobre todo por el reparto con la familias víctimas.

La fotografía que ilustra el post: Este graffitti, firmado por 3TTMAN, apareció en el Barranco de Vargas de Bajamar pocos días después del atentado.

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