2015, llueve en la Isla distópica.

La noticia cultural de la semana ha sido que Los Sabandeños se constituirán en fundación para “garantizar su supervivencia”. El grupo, que está celebrando su 50 aniversario (48, según una pequeña polémica que rueda por aquí), debe creer que medio siglo de conciertos, 75 discos y más de 2.000.000 de copias vendidas no aseguran que de aquí a tres meses los sigamos recordando. Pero eso es, para qué negarlo, imposible, humanamente imposible.

¿Hay alguien en estas islas que no conozca a Los Sabandeños?, ¿y fuera? Hasta el Gran Wyoming los incluyó como comando peligroso a las órdenes de Caco Senante, alias Mojo picón, en el desternillante sketch La ETA canaria.

Todos sabemos quienes son y qué han supuesto para la música insular. Filtro: lo mejor está en su primera discografía, imprescindible La cantata del Mencey Loco. A partir de los 80, mucho recopilatorio, boleros y poco disco del calado de la cantata o de Sentencias del Tata Viejo (1975).

En los 80 Los Sabandeños ya son una marca, que el insularismo utiliza para ir formando su idea de identidad. Elfidio Alonso, director y fundador el grupo, también funda la Agrupación Tinerfeña de Independientes (ATI), con la que fue alcalde de La Laguna durante 12 años y diputado. Básicamente, el grupo no ha sido un contrapoder.

A partir de entonces, Los Sabandeños son la constante en nuestra vida cultural: un festival propio, actuaciones con la Sinfónica de Tenerife, María Dolores Pradera…, giras, discos y muchos, muchos reconocimientos públicos: el gobierno canario les concedió su Medalla de Oro y el Premio Canarias y el Cabildo tinerfeño también les otorgó medalla. Calles con sus nombres y una curiosidad, en 2014 fueron nombrados Huéspedes de Honor de los Hoteles Españoles. No parece que el viento les haya ido en contra.

La presencia de Los Sabandeños se ha hecho tan inevitable que cualquier otra cosa que haya sonado en esta Isla ha terminado por sucumbir y desaparecer. Hay un viejo chiste que dice que si Elfidio tirara de la manta destaparía a un montón de músicos asfixiados con la pelusa.

En estos 50 años de Sabandeños han aparecido y con la misma desaparecido muchos, muchos músicos y lo que es peor, mucha, mucha música. Antes de que la banda sonora de nuestra vida insular fuera una interminable folía, hubo jazz, rock, pop, punk o nueva canción. Eructo del bisonte, Ataúd vacante, Palmera, Gato gótico, Sin Elefante, Familia Real, Taller Canario, Jazz Borondón, La pista búlgara, Moral femenina… llegaron, rompieron y desaparecieron, y nadie les dedicó una calle.

Viendo dónde están unos y dónde otros, y cómo estamos en general, el protectorado al grupo durante décadas parece haber perjudicado bastante nuestra modernidad. Por eso la noticia de que ahora quiere constituirse en fundación para “garantizar su supervivencia” provoca cierta desazón.

Las fundaciones no sólo pagan menos impuestos sino que reciben subvenciones. La crisis limita la venta de discos, de conciertos y de euros y este anuncio suena a más y más protectorado y menos, mucho menos, a rock and roll.

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